En una democracia donde la percepción lo es todo, las encuestas han dejado de ser simples termómetros de opinión para convertirse en armas estratégicas.
A lo largo de las últimas décadas, las casas encuestadoras han cobrado un papel central en la vida política de países como México. Lo que antes se leía como una herramienta técnica y estadística, hoy es, en muchos casos, el primer y último filtro de legitimidad para candidatos, gobernantes, políticas públicas y movimientos sociales.
Nombres como Mitofsky, Buendía & Márquez, Massive Caller o Consulta Mitofsky ya forman parte del léxico cotidiano de cualquier ciudadano medianamente informado. Sin embargo, pocas veces se reflexiona sobre quién construye esas cifras, bajo qué metodología y con qué intereses detrás.
Entre la ciencia y la narrativa
Una empresa de encuestas no es solo una oficina llena de teléfonos y formularios digitales. Es un laboratorio de percepción. Las metodologías que utilizan —muestras aleatorias, paneles demográficos, modelos de inferencia bayesiana— son tan importantes como las preguntas que formulan. Preguntar no es neutral: una palabra puede cambiar una tendencia, un sesgo puede elevar o hundir una imagen pública.
Y aun cuando el método sea impecable, el momento en que se publica una encuesta puede alterar el curso de una elección. De ahí que no sea extraño ver cómo ciertos estudios se filtran estratégicamente antes de debates, cierres de campaña o negociaciones legislativas. No es solo un ejercicio académico: es política de alto nivel.
Ranking, percepción y la psicología del poder
Las encuestas no se limitan al terreno electoral. En los últimos años, se han sofisticado hacia áreas como el ranking de alcaldes y gobernadores, la evaluación de políticas públicas, la aceptación de empresas o el clima social ante ciertos temas polémicos. Conocer qué alcalde tiene la mayor aprobación o qué gobernador lidera en percepción de seguridad no solo genera titulares: influye en presupuestos, alianzas políticas y futuras candidaturas.
De ahí nace la importancia de institutos sólidos, creíbles y blindados frente a intereses externos, capaces de emitir datos útiles, verificables y socialmente relevantes.
Global Metrics Institute: datos con sentido de Estado
En este contexto nace Global Metrics Institute (GMI), una firma independiente dedicada a construir, analizar y publicar índices de percepción pública, rankings de desempeño y barómetros cívicos. Su enfoque no es solo técnico, sino estratégico: proporcionar a la ciudadanía, a las empresas y a los gobiernos un espejo confiable y permanente del estado emocional, político y social de sus entornos.
Desde su concepción, GMI ha apostado por metodologías mixtas (cuantitativas y cualitativas), estrictos controles de sesgo y una política de transparencia metodológica total, sabiendo que el único activo irrenunciable en esta industria es la confianza.